Kilometraje

by Miguel Ángel

Masculino. 1. Acción de kilometrar. 2. Distancia en kilómetros.

 

En movimiento, siempre en movimiento. Así ve, así habla, así escucha una y otra vez los mismos discos, así lee, así escribe. Mientras los nombres de las estaciones son anunciados por voces que parecen impersonales hasta cuando son humanas; mientras los asistentes de los buses le dedican miradas demasiado intensas; mientras los camioneros le hablan de lo poco y nada que saben sobre los caminos que con tanta frecuencia recorren. Así es como ella pasa las páginas, en movimiento.

Yendo del DF a Santiago en avión se recorrerán como 6500 kilómetros en línea recta. Por tierra son como 10000, pero ella tomó una ruta más intrincada, bajando por tierra hasta Panamá, a donde no pudo entrar, por lo que volvió a México y consiguió transporte en un barco recadero, cruzando el Mar Caribe hacia Colombia y de ahí siguió al sur, por tierra. En total, como 25000 kilómetros. Sin embargo, todo eso no es más que la última parte de su viaje, un viaje que comenzó varias decenas de miles de kilómetros más al Este, lejos, muy lejos, cruzando el mar. En cualquier caso, para ella todas esas medidas, todas esas distancias, son irrelevantes. Creo que son irrelevantes.

Sus ojos tardan una fracción de una fracción de segundo en recorrer los de-6-a-13 milímetros que componen la mayoría sus letras. Su mano derecha tarda un poco más en escribirlas. En verdad no tan poco, sino unas 2 o 3 décimas de segundo por cada letra, más 1 o 2 décimas adicionales en prepararse para la siguiente. Esas son las medidas que creo que le importan porque, ¿quién trabaja con kilómetros? Nadie, ni los ingenieros de vialidad, ni los pilotos comerciales. Ni siquiera los astrofísicos que, si bien viven entre distancias, prefieren medirlas en años-luz. No. Las distancias que importan se miden de a milímetros y centímetros. Decímetros a lo sumo, pero ya el metro se vuelve difícil de manejar.

Pero estoy hablando por ella y ella no soy yo. No sé si ella estará de acuerdo con toda esta cháchara distanciera o si tú me creerías que ella está de acuerdo en caso de que lo estuviera, pero lo cierto es que ella trabaja con milímetros.

Es posible que ahora te parezca que este cuento esté mal titulado y deba en cambio llamarse “Milimetraje” o “Centimetraje”, pero no, no está mal titulado, y no, no le cambiaré el nombre.

En sus textos abundan las referencias a picadas para comer, a sucuchos para tomar, a antros para bailar; abundan también pequeños chistes privados que solo entienden ella y las personas a quienes los chistes hacen referencia. Cualquier cosa que dé la impresión de ser ignorada por los turistas es algo que vale la pena observar, documentar, reportear. “Las cosas que merecen atención por lo general no la piden” dice el fotógrafo en la película esa del oficinista que soñaba despierto. Encontrar esas cosas es lo que rige su viaje, su vagabundeo, su huida.

Escribí “huida”, sí, y lo hice porque ahora que está casí en las antípodas del lugar al que no quiere volver, ahora que está tan lejos como puede llegar, ahora, justo ahora, siente que la tierra es en verdad plana y que Colón y Magallanes y los satélites y los astronautas están todos equivocados. Siente que no puede seguir alejándose, que cualquier camino que tome solo la llevará de vuelta, y ella no cree en volver. Creo que ella no es de las que vuelven.

Ahora está sentada frente a mí, escribiendo con ese ininteligible alfabeto suyo en una de esas libretas piel-de-topo (las únicas libretas en las que escribe) y no puedo evitar pensar en si habrá algo sobre mí en alguna de las últimas páginas, en si lo que escribe ahora mismo es sobre mí. Si esperas que se lo pregunte y te lo diga tienes serios problemas mentales o de plano no me conoces. Para hacer algo así necesitaría varias veces más testosterona que la que tengo. Me gustaría poder decir que no es más que por curiosidad general, que no me quita el sueño, pero sería mentira, y no lo digo solo porque todos seamos ególatras y a todos nos guste dejar una marca, por leve que sea, en las personas a quienes conocemos. No lo digo solo por eso.

Debo decir que, con respecto a dejar marcas, ella lo hace bien, o al menos mucho mejor que yo, que soy (aunque no lo quiera) solo la más reciente de sus marcas, la más reciente en una línea que se extiende hacía el Norte como migajas, kilómetros y kilómetros de migajas.

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