Soy cuentero, ¿y qué tanto?

Subo los cuentos que escribo (los que me gustan)

Month: June, 2015

Yeismo

Masculino. En fonética y fonología, desaparición de la diferencia fonológica entre la consonante lateral palatal y la fricativa palatal sonora, de manera que, en la pronunciación, no se distinguen palabras como callado y cayado.

 

PR fvR, knsdr ‘st km n-bt’kr. Tl vs ‘l fnl ‘nt”nds d-k’.

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Conocí a Katherine por internet, en un sitio que recomendó un amigo para conocer gente con quien, después de conocerse un tiempo, uno pudiera intercambiar correo, pero correo clásico, en sobres de papel. Ella era de Puerto Varas. Yo ya estaba viviendo acá en Santiago. El sitio web estaba lleno de gente de todo el mundo, así que me entusiasme cuando, después de un par de semanas, me encontré con la primera persona de Chile, así que le escribí.

Nos caímos bien bastante rápido. Después de unos cuantos mensajes en el sitio web, empezamos a mandarnos emails. Un par de días después me dio su dirección y le mandé una carta: una hoja blanca, en la que dibujé una carita contenta, bajo la que escribí “¡Hola!”. Por respuesta recibí el siguiente texto exacto:

Ke tal?
K
omo t’trata l‘vida?

En ese momento caí en cuenta de que nunca le había preguntado qué edad tenía y que, por lo tanto, era perfectamente posible que estuviera hablando con una cabra chica de 15 años que se creía “shuper especial” porque escribía casi sin usar vocales y cambiando las C por K. Por esto, en mi siguiente carta fui directo al hueso y le pregunté (entre otras cosas) cuantos años tenía. Me respondió (también entre otras cosas) lo siguiente:

Tengo 29. Por ke?

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Me dijo o, más bien creí entender en ese momento entre la jerigonza en la que escribía, que le apasionaban las letras, pero no necesariamente la literatura ni la lingüística ni ninguna disciplina de ese tipo, sino que le gustaban las letras en sí, las líneas y puntos con los que la gente representa sonidos y entonaciones. Eso nunca me había llamado la atención. No era que no me gustara, sino que, simplemente, nunca le había PUESTO atención.

En cualquier caso, era entretenido escribirnos y, para ese momento, ya nos habíamos agregado en Facebook, por lo que yo ya había hecho la reglamentaria revisión de todos y cada uno de sus álbumes de fotos (buscando las nunca-suficientemente-abundantes fotos en traje de baño) y había decidido ya que la encontraba lo bastante rica como para considerar el darme la paja de viajar a Puerto Varas. Así es que le seguí el juego con lo de las letras.

Me permitiré unas líneas ahora para aclarar algo que podría estar resultando confuso en este momento. Sí, ya éramos amigos en Facebook. Sí, los dos ya sabíamos el correo electrónico del otro. Sí, a pesar de eso, cuando hablábamos lo hacíamos solo por correo clásico. Puede parecer ridículo, sí, e incluso estúpido, pero esa era la forma en que lo hacíamos.

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Ahora vuelvo a lo de las cartas. En la siguiente, le pedí que me explicara un poco acerca de la forma en que ella escribía, pero su respuesta abundó en líneas como la del fragmento que sigue:

Trato d’eskirbir usando solo los sonidos ke usamos nl’espanol sileno, s’desir, tratando d’fonetisar l’alfabeto tanto komo puedo para nuestra forma d’ablar.

Seguramente estarás de akuerdo konmigo en ke, aunke la idea era konseptualmente buena, la forma ke ela abía elejido para ejekutarla dejaba muso que desear. En primer lugar, abundaba en kontraksiones ke podrían aber resultado naturales o familiares para un ablante de fransés o italiano, pero no para un ispano. En segundo lugar, y esto kisás lo ke más me molestaba, el tiempo ke ganaba asiendo kontraksiones, se perdía eskribiendo apóstrofes o subraiando.

En ese momento ia abía empesado a pareserme ke un alfabeto fonétiko para el espanol sería más fásil de eskribir. Tendía a kreer ke sería igual de fásil para las manos ke para los ojos. Por eso, me empesiné un poko en demostrarle a ela ke podía aser un mejor trabajo.

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Debo konfesar k’me obsesioné n’poko, o tal ves bastante. Poko a’poko nuestras kartas empesaron a’tratar kada ves más sobre l’idioma, sobre l’letras, i io dejé d’repasar l’fotos d‘l’vakasiones d’verano k’ela tenía n’Feisbuk, i dejé d’planear viajar a Puerto Varas para conocerla.

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Mis kaRtas s’isieron kada ves mAs laRgas i l’d’eLa kada ves mAs koRtas. Io dejE d’saliR, d’leeR, d’veR tele, d’pintaR. Mi Unika distraksion era eskuSaR mUsika, y solo l’asIa poRke no m’estoRbaba para trabajaR n’l’desaRoLo d’unas letras k’m’dejaran satisfeSo. Pronto me dI cuenta d’k’su idea d’l’apostrofes era n’verdad bastante buena y d’k’solo era nesesario tener l’kuidado d’no komponeR l’letras usadas komo prefijos. Es desiR, abIa k’poneR todos l’apostrofes k’isiera falta para k’l’teksto fuera klaro.

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N-l-mmnt n-k-dsd’ dshsRm d-l-vkls ‘ntnd’ k-hb” ‘lknsd l-k-‘stb bsknd. ‘stb lst kn tn sl ‘ns pkNs mdfks”ns, k-‘nklyrn Rsklr l-H y l’Y y l’O, n-s-‘s l’jk, y kmb”R l-‘pstrfs pr g”ns k”nd ls ‘sb pr kmpnR kn prfjs, m’s l-‘s d-l-‘pstrfs pr mRkR vKls f”Rts o dbls. ‘s ‘r td l-k-s-nsstb. ‘d’’s vkls. L-‘rbs m hb”n dd l’sls”n hs” 3000 ‘Ns. ¿K”n nsst ‘skrbr l-vkls s p”d ‘nfrRls d-l-kntkst?

Rk”Rd k-l-‘skrb n kRt m” lRg, knt’ndl k-l hb”ms lgrd, knt’ndl k-y’ tn”ms n”str sstm pr n-‘spNl ‘skrt pRfkt. N-‘s msm kRt l-‘kxplk’ kn lj d-dtLs l-k-hb” dsRLd. Tn” grnds ‘sprnss d-k-‘ntr l-ds pd”rms hsR k-n”str sstm s-‘dptr n-l-p”s.

S-Rsp”st f” bstnt ‘sk”t. L-cp” ‘ntgrmnt ‘k’:

Wn, este webeo dejó de ser entretenido hace ya bastante rato y, por lo demás, hace al menos 3 cartas que ya no entiendo niuna mierda.

¿Podemos hablar en español normal?

Gracias.

Katty.

Pánico

Del latín moderno panicus, y este del griego Πανικός (panikós). Adjetivo. 1. Referente al diós Pan. 2, dicho del miedo o del terror. Extremado o muy intenso, y que a menudo es colectivo y contagioso. Usado también a modo de terminación como sustantivo masculino. Síndrome de pánico.

 

Okey, esto va a parecer algo confuso, pero trataré de que tenga gracia, entendiendo “gracia” no como “chistoso”, sino como “agradable”, pero con “agradable” no queriendo decir “bonito”, sino “entretenido”, aunque con “entretenido” no en el sentido de “divertido”, sino de “interesante”. Sí, “interesante” es la palabra que estaba buscando. También intentaré usar tan pocos puntos como me sea posible, igual que hizo Bolaño en un cuento llamado Fotos aunque, para este segundo objetivo, creo que empezaré a hacer la cuenta desde el siguiente párrafo, porque en éste ya llevo dos puntos y aun me falta el del cierre.

No sé bien como empieza el proceso de enrollarme porque nunca me he dado cuenta de que estoy empezando a enrollarme, sino que lo noto cuando ya estoy enrollado, sin embargo, sí he sido capaz de analizarlo en retrospectiva y he notado que es una cosa como de imaginar una situación en un futuro cercano, relacionándola con alguna situación  similar, aunque desagradable, en el pasado cercano, para entonces, primero, convencerme de que la nueva situación irá de un modo similar a la primera y, segundo, entrar en una cadena de imaginaciones que “pronostican” las cosas que diré y haré y pensaré y sentiré, para que esta cadena empieze luego a correr cada vez más rápido y a bifurcarse, de forma que donde en un principio había una sola elucubración, un par de minutos más tarde ya hay 4 y después 8 o 16 o, en realidad, cualquier número mayor que 1 porque, aunque soy capaz de ir cerrándolas y cortándolas, casi nunca puedo hacerlo lo bastante rápido y empiezan a acumularse, por lo que usan parte del tiempo que debería usar yo para pensar en como cerrarlas, así es que tengo cada vez menos tiempo y más elucubraciones y entonces las cadenas se vuelven más intensas, induciendo en mí ya no solo pensamientos, sino también sentimientos, el primero de los cuales es siempre una sensación de presión “cálida” en el pecho, entre los pulmones, que sube por mi cuello hasta casi hacerme vomitar, pero no vomito, porque no hay nada que vomitar, y entonces siento que mis rodillas y mis tobillos y mis codos y mis muñecas tiemblan todos, los ocho al mismo tiempo y mi corazón late como siguiendo la doble pedalera de una canción metal y empiezo a respirar rápido, porque siento que me falta el aire, pero por más rápido que respiro el aire me sigue faltando, así es que respiro más rápido y me falta más aire y respiro más rápido y me falta más aire y respiro más rápido y me falta más aire y, entonces, mis piernas, que ya temblaban, se duermen y se ponen pesadas y luego eso se extiende a mi estómago y mi pecho y mi espalda y mis brazos y mi cuello y mi cara y me pongo rígido, a duras penas puedo caminar, a duras penas puedo mover las manos, a duras penas puedo hablar y, cuando creo que ya no puedo sentirme peor, me convenzo a mí mismo de que me estoy muriendo y que tengo que conseguir ayuda y que no voy a poder conseguir ayuda o de que, si la consigo, no alcanzarán a salvarme y moriré en el suelo, ahí donde estoy, llorando aterrorizado, y entonces me veo a mí mismo muriendo aterrorizado, me veo a mí mismo eligiendo no esperar a morirme y matándome de la forma más inmediata que pueda imaginar, me veo a mí mismo muerto y, entonces, me acuerdo de lo que me dijo mi psiquiatra, todo eso de “toma aire, aunque no lo sientas entrar, y mantenlo dentro 5 segundos, aunque sientas que tus pulmones van a explotar, y exhala lento, sintiendo el aire caliente que sale por la boca, y entonces quédate sin aire en los pulmones por 10 segundos, aunque se te hagan infinitos, y entonces te sentirás mejor”, así es que tomo aire, aunque no lo siento entrar, y lo mantengo dentro 5 segundos, aunque siento que mis pulmones van a explotar, y exhalo lento, sintiendo el aire caliente que sale por la boca, y entonces me quedo sin aire en los pulmones por 10 segundos, aunque se me hacen infinitos, y entonces me siento mejor, entonces me siento mejor, entonces me siento mejor, porque entiendo ahora completamente que nada de lo que vi y sentí era real, que todo fue nada más el dejar que mi cabeza corriera con libertad para luego proceder a hiperventilarme y tener un ataque de pánico, otro ataque de pánico, uno más para la colección, pero también otro que he vencido, porque ahora estoy tranquilo, ahora sí estoy tranquilo.

Bueno, creo que lo conseguí. Escribí un buen párrafo sin usar más que el punto a parte del final. Por cierto, sé que en el primer párrafo dije que trataría de escribir el resto de este no-sé-llamarlo-cuento sin usar más puntos, pero la verdad es que fue más agotador de lo que había pensado, así es que lo dejaré hasta aquí y váyase a la cresta quién crea que soy un chueco, quién crea que debí seguir hasta el final así. No tengo por qué seguir un cuento si ya no quiero seguir escribiéndolo. No voy a seguir a escribiendo si ya no quiero seguir escribiéndolo. Pero, ¿qué va a pasar si algún día quiero seguir escribiendo otro cuento, no éste, y ya no puedo? ¿Qué va a pasar si querer realmente es poder y de tanto no querer acabo no pudiendo? ¿Qué va a pasar si no puedo? ¿Qué va a pasar cuando ya no pueda? Seguramente miraré hacía el tiempo que me queda y que pasaré sin poder y después miraré al tiempo que pasé no queriendo y me arrepentiré y me enojaré conmigo mismo y tendré discusiones conmigo mismo y después me enojaré y tendré discusiones con las personas que estén cerca y después tendré nuevas peleas conmigo mismo por echarle a ellos la culpa por ya no poder, siendo que la culpa será solamente mía y yo lo sabré y… mierda, me estoy enrollando de nuevo. Bueno, por lo menos esta vez me di cuenta.

Galatea

[Entre tanto, níveo, con arte felizmente milagroso, esculpió un marfil, y una forma le dio con la que ninguna mujer nacer puede, y de su obra concibió él amor].

Fragmento de Pigmalión, centésimo décimo poema de Las Metamorfosis, de Ovidio.

 

No me acuerdo de cuanto tiempo pasó Pigmalión mirando la escultura, antes de que Afrodita se apiadara de él y, la verdad, no tiene importancia: puede haber sido una noche, un mes, veinte años. Para él debió ser una eternidad y no creo que uno sea capaz de distinguir entre dos eternidades. Una eternidad es una eternidad y da lo mismo si dura cinco segundos o un millón de años.

Onírico

Del griego ὄνειρος (óneiros): ensueño; e -ico. Masculino. Adjetivo. Perteneciente o relativo a los sueños.

 

Yo estaba sentada en la playa ese día. No recuerdo exactamente cuando fue, pero era un día de invierno, de eso estoy segura. Mi hermana estaba al lado mío y conversábamos. Yo me fijaba en el piercing en su nariz. Las dos habíamos querido hacernos uno, pero el papá  le dio permiso a ella no más, porque era ya estaba en Primero Medio. No me acuerdo tampoco de en qué playa estábamos, pero debe haber sido cerca de Caldera, tal vez camino a Puerto Viejo. Y sé que era invierno porque estaba nublado y hacía frío y porque el resto de la gente que estaba ahí, aparte de mi familia, eran viejos que tiraban una y otra vez las líneas de sus cañas de pescar al agua. Repetían siempre los mismos movimientos: lanzar la línea, recogerla sin ningún pescado, avanzar 20 pasos al sur y empezar de nuevo. Varios perros chascones, mojados, felices y llenos de arena correteaban entre los viejos y se metían de vez en cuando al agua. Estuve un rato tratando de adivinar qué perro era de cada viejo, pero no hubo caso.

Como decía, yo estaba sentada en la arena, conversando con mi hermana, y creo que mi papá y mi hermano chico estaban por ahí igual, armando un castillo de arena y, aunque no me acuerdo de donde estaba mi mamá, ella debe haber andado por ahí también, solo que le gusta irse sola a caminar en la playa cuando hace frío. Dice que hacía eso cuando estaba chica, aunque ahora no puede ir sola, porque nuestras dos perras la siguen siempre.

Entonces, como iba diciendo, y ahora sí continúo, yo estaba sentada en la arena, pero mi hermana ahora ya no (porque se había parado para ir a decirle algo a mi mamá), cuando de pronto salió del mar un cangrejo, chiquitito, que se alejó unos metros del agua, para luego dar una amplia vuelta y volver a sumergirse. Tal vez esto no parezca más que algo poco común, porque los cangrejos (igual que todo crustáceo que tenga dos dedos de frente) le tienen miedo a las gaviotas, así que evitan a toda costa dar paseos como ese. Pero entonces, menos de un minuto después del primer cangrejo, muchos otros empezaron a salir del agua y a dar la misma vuelta. Al principio eran poquitos, pero al final eran muchos, parecían un regimiento completo y todos daban la vuelta por la playa.

En ese momento, recuerdo, no entendí por qué las gaviotas no se tiraron de cabeza a comerse a los cangrejos (que era lo que yo habría esperado que hicieran), sino que los dejaron tranquilos, y ellos siguieron marchando y cada vez eran más, hasta que el ruido de sus pisadas (que me parecieron, por lo demás, súper ordenadas y marciales) empezó a tapar el sonido del mar. Entonces, pasó algo que hizo que todo lo anterior pareciera lo más normal del mundo: a la marcha se unieron focas, chungungos, erizos y estrellas de mar y pingüinos y pulpos, que salían todos del mar, siguiendo el camino de los cangrejos, que todavía marchaban y seguían saliendo más y más del mar, pero ahora ya no apantallaban tanto.

Mi hermano chico llegó a donde yo estaba en ese momento y me preguntó qué pasaba y yo le dije que no lo sabía. Después de eso no dijimos nada más.

Lo más raro de todo esto (si es que entre tanta rareza una puede identificar algo que sea más raro que el resto), era que, a pesar de que los cangrejos marchaban muy militarmente, el desfile no era serio, no era una parada militar, porque el resto de los animales (o, más bien, los que podían) cantaba, gritaba o aplaudía. Los pulpos, por ejemplo, no podían cantar, pero hacían malabares con erizos. Ahora, recuerdo, habían vuelto las gaviotas, y pasaban volando en bandadas ordenadas sobre el resto de los animales, graznando. En ese momento, cuando el bullicio era tan fuerte que hacía doler los oídos, todo empezó a quedar en silencio y salió del mar un cangrejo muy, muy grande, diría incluso “gigantesco”, más o menos del porte de un perro grande, que llevaba una corona de coral sobre el cuerpo (porque los cangrejos no tienen cabeza) y se apoyaba en un bastón para caminar y, mientras caminaba, cantaba con una voz grave, profunda, y los demás animales marchaban junto a él en silencio, como con respeto, escuchándole, creo, y, cuando terminó de cantar y volvió a meterse al agua, todos los que lo seguían volvieron a estallar en gritos, graznidos, cantos, bailes y malabares y, así como habían llegado, volvieron todos al agua, sin prestar atención a la gente que los miraba.

Entonces, mi hermana volvió a donde estábamos yo y mi hermano chico y nos preguntó qué había pasado y por qué estaba toda la gente mirando al mar, y mi hermano le respondió “¡Te perdiste el desfile del Rey de la Playa!”.