Fantástico

by Miguel Ángel

Del latín tardío phantastĭcus, y este del griego ϕανταστικόσ (phantastikós). Adjetivo. 1. Quimérico, fingido, que no tiene realidad y consiste solo en la imaginación. 2. Perteneciente o relativo a la fantasía. 3. Presuntuoso y entonado. 4, coloquial. Magnífico, excelente.

 

La historia que te contaré es una de las menos conocidas sobre el gran Félix Ásterion. Es la historia de cómo, junto a Áster Alvion enfrentó al Dragón de Isla Tortuga.

Al comienzo de la Primera Invasión de los Chei, el Alto Consejo del Concilio… ¿Qué dices? ¿Que no sabes quién fue Félix Ásterion? ¡Oh, amigo mío! Si quisieras que te contara todo lo que he oido y leido sobre él tendrías que quedarte conmigo hasta el próximo invierno.

Está bien. Ya que insistes, te hablaré un poco de él. Pero nada más lo imprescindible.

Félix Ásterion nació en un pequeño pueblo sin nombre, cercano a La Ciudad Libre de Jofenvik, donde se encuentra la sede del Concilio de Magos. De pequeño (o, más bien, de niño, pues nunca fue muy alto) era bastante normal. Tal vez demasiado normal. Hasta que cumplió los seis años no pasó nada importante en su vida (a menos que te interese saber sobre las tardes enteras que pasó tendido en el pasto, mirando las nubes, o de la vez en que encontró una piedra muy, muy ligera que era en realidad un caracol muerto), sin embargo, el día de su cumpleaños número seis todo cambió. Ese día un mago viajero llegó al pueblo y, como no tenía dinero para pagarse alojamiento, decidió hacer unos cuantos trucos en la calle principal, para divertir a la gente. Así, tal vez alguien lo invitara a comer y dormir esa noche en su casa. ¡Quiso el destino que ese día Félix estuviera en la calle y se ofreciera voluntario para un truco!

Cuando el Mago trató de hacer que el pequeño niño flotara en el aire como una burbuja y éste comenzó a sentir cómo hormigas en su piel (si alguna vez te has encontrado con mago de verdad sabrás a lo que me refiero), sucedieron varias cosas al mismo tiempo. Primero, Félix levantó las manos y gritó “¡No!”. Después, las nubes se abrieron (ese día estaba nublado. ¿No te lo había dicho? Bueno, lo siento). Luego comenzó a oírse un sonido que solo puedo describir como muy similar al que haría una vaca rodando en el suelo, riendo a carcajadas, mientras una ardilla canta ópera (sí, lo sé, muy raro) y, finalmente, el mago viajero se elevó en el aire y se quedó ahí suspendido colgando de cabeza, mientras miraba incrédulo a la gente que se reía de él.

¿Que qué pasó preguntas? ¡Muy simple! Pasó que Félix tuvo cosquillas a sentir las “hormigas”, así es que levantó los brazos para protegerse y, al gritar “¡No!”, un extraño talento mágico se reveló en él y fue capaz de anular y regresar hacia el mago viajero el hechizo de levitación. Ese fue el comienzo de la vida de uno de los más grandes magos que el mundo haya conocido.

Félix tuvo algo que ver en todos y cada uno de los acontecimientos importantes ocurridos en ese tiempo: ayudó a crear las Armas de Voluntad, combatió contra las hordas Chei, fue elegido Proties Ódegos del Concilio de Magos a los 28 años (es decir que ha sido la persona más joven en liderar el Concilio), hizo amistad con una lagartáguila de las Montañas Verdes y, una vez, subió a bordo del Barco Fantasma de Isla Grande del Norte. Sí, mi amigo, su vida fue fabulosa, pero él siempre fue alguien muy sencillo y nunca dejó que su fama se entrometiera en su trato con la gente: daba consejo a quienes quisieran escucharlo y él mismo los recibía sin tapujos si alguien quería dárselos. Esa es la verdadera razón de que su vida siga siendo contada hoy, después de tantos siglos: a él le importaba la gente. Pero bueno, nos hemos salido un poco del tema, ¿no? Me he entusiasmado hablando y no te he contado la historia que quería contarte. ¿Te parece bien que comience?

Al comienzo de la Primera Invasión Chei, el Concilio estaba en aprietos: tenía muchos magos muy hábiles, pero la mayoría eran muy viejos y no podían participar adecuadamente en las batallas. Mientras, el Imperio de Fendae (en cuyo territorio se peleo esta guerra) comenzaba a movilizar sus ejércitos y pedía ayuda y gente al Concilio, a lo que éste no podía responder. Por estas razones se tomó la decisión de enviar estudiantes a la guerra, pero no cualquier estudiante: iban solo los mejores y, además, no iban solos, sino que se enviaba también a un mago más viejo, que pudiera hacer de consejero y maestro particular para el estudiante.

Como seguramente ya supones, Félix, que entonces tenía 17 años y era el mejor estudiante del Concilio, fue enviado a la guerra y peleó en el Mar de Arena, ese gran desierto al sur de las Montañas Rojas, sin embargo, mientras él estaba allí, llegó a conocimiento del Concilio que un dragón había comenzado a atacar una pequeña isla al norte de Isla Grande del Sur, llamada Isla Tortuga, y que había ya dado muerte atres caballeros, así es que el mismísimo Proties Ódegos del Concilio, el gran Áster Alvion, decidió ir a encargarse del problema y eligió como acompañante a Félix.

Cuando los dos magos llegaron a Isla Grande del Sur, la población estaba en pánico: barcos de refugiados llegaban todos los días, las milicias se armaban y reclutaban a cualquiera que pudiera empuñar un arma, y los reyes escondían sus tesoros en lo profundo de sus palacios. Y no había noticias de Isla Tortuga. ¿Que por qué la gente estaba tan asusta? ¿Acaso no sabes nada de dragones? Bueno, bueno, te lo explicaré. Los dragones son criaturas maravillosas y, al mismo tiempo, muy peligrosas para nosotros. No son malvadas ni nada de eso (aunque tampoco podamos decir que sean buenas), es solo que son extremadamente distintas a nosotros: para empezar, respiran fuego; saben mucho sobre magia y la ciencia de este mundo, incluso desde que nacen; viven mucho, mucho tiempo, pero este no se mide como lo medimos nosotros, en días, años y todo lo demás, sino que, por ejemplo, un dragón puede irse a dormir un día y despertar 50 años después, viéndose rodeado de un montón de criaturitas vestidas con armaduras y construyendo castillos de piedra en su territorio, y eso saca de quicio a cualquiera.

Entonces, como iba diciendo, después de pasar dos días buscando sin éxito un barco que los llevara a Isla Tortuga, Áster y Félix decidieron llegar alli por sus propios medios, por lo que se adentraron en un pequeño bosque y cortaron un árbol cada uno, con los que construyeron canoas y en ellas se hicieron a la mar y, después de pasar 6 días navegando lo que a un marino le habría tomado solo dos (ya ves que hay buenas razones por las que Áster y Félix fueran magos y no marinos), llegaron al fin a Isla Tortuga. ¡Grande fue su sorpresa al ver la alguna vez verdeante isla transformada en un montículo de tierra chamuscada! Casi todo estaba destruido o quemado o ambas cosas. Tal como les habían dicho, el dragón había ya dado muerte a tres caballeros y sus caballos vagaban por la costa, comiendo lo que encontraran. ¿Y el dragón preguntas? ¿Que donde estaba? Pues yo no lo sé, yo no estaba allí, y ciertamente ni Áster ni Félix lo sabían, por lo que hicieron lo que cualquier persona con sentido común habría hecho en esa situación: pescaron unos pocos peces, encendieron una fogata y se sentaron en la playa, a comer y esperar a que el dragón se diera cuenta de que estaban allí… y así estuvieron cuatro días.

Cuando se hizo evidente que el dragón, si es que estaba todavía en la isla, no les estaba prestando atención, Áster y Félix comenzaron a trazar un plan. Primero, y muy lentamente, Félix tejió alrededor de la isla una red de viento. ¿Que qué es una red de viento? Verás, es un encantamiento de aeromancia que consiste en crear pequeños hilos de aire, con los que puedes hacer lo que quieras, incluso ropa, aunque no sirvan mucho para esto último, por ser transparentes, digo. En fin, como te contaba, Félix hizo una red de viento, una muy grande en verdad, pues con ella cubrió toda la isla.

Cuando la red de Félix estuvo preparada, Áster, que era muy hábil usando geomancia, provocó un pequeño temblor… realmente pequeño… imperceptible… casi como si un gigante a quien la isla llegara a los tobillos le diese a ésta un puntapié con todas sus fuerzas (creo que incluso movió toda la isla unos cuantos metros hacia el norte)… y esto, obviamente, despertó al dragón, que estaba durmiendo muy cómodamente en una caverna, feliz después de comerse tres caballeros.

No puedo describir el rugido que dio el dragón cuando, furioso, salió volando de la caverna donde dormía, llegó a la red de viento y se dio cuenta de que le habían tendido una trampa. En realidad si puedo describirlo, o más bien reproducirlo, pero me quedaría mudo y, como no puedo quedarme mudo si quiero terminar de contarte esta historia, no lo reproduciré.

¿Que cómo era el dragón? ¡Qué bueno que lo preguntes! Pues verás, una de las características más extrañas y maravillosas de los dragones es que no hay dos iguales. Es algo parecido a lo que ocurre con nosotros, los humanos, pero mucho más marcado. Para ponerlo en perspectiva, podríamos decir que los dos dragones más parecidos que existen, son tan parecidos entre sí como un escandinavo y un pigmeo, ¿me sigues? Hay algunos que vuelan, otros que nadan y otros que caminan sobre la tierra. Algunos son especialistas en el uso de algún elemento de la magia y otros pueden usar los cinco. Pueden ser de cualquier color, ¡cualquiera! ¡Incluso algunos que no podemos ver! Los hay de todos los tamaños: Desde 25 centímetros hasta 250 metros, desde la nariz a la punta de la cola. Pueden ser de formas muy diversas, teniendo desde ninguno a 16 ojos, lo que pasa también con las patas y las alas. Pero hay algunas cosas que todos los dragones pueden hacer, como ya te mencioné: todos respiran fuego, todos saben magia y todos son telépatas, lo que permite que nos comuniquemos con ellos, en cierta medida. Este dragón en particular era uno de los grandes, más o menos 200 metros de largo y 4 patas y 2 alas y volaba… y era rápido, muy rápido, un indicio de que se le daba bien la aeromancia.

Cuando Áster vio al dragón, se dio cuenta de inmediato de que había sido un error el haber ido solo ellos dos a enfrentarlo. Tal vez dos maestros habrían podido enfrentarlo, pero un maestro y un aprendiz no tenían muchas posibilidades, sin embargo, amigo mío, el sorprendente tamaño del dragón casi había hecho que Áster olvidara algo: ellos dos no eran cualquier mago y aprendiz, ¡eran el Proties Ódegos y el mejor aprendiz del Concilio! Así es que mientras el dragón estaba aún desorientado y no los había notado, Áster y Félix se ocultaron y planearon cómo derrotar al dragón.

Como seguramente sabes, la sorpresa te asegura la mitad de la victoria, por lo que Áster y Félix se movieron rápido. Félix, aprovechando su habilidad controlando el aire, comenzó a volar rápido, muy rápido, y muy cerca del suelo, alrededor del dragón, levantando mucho polvo y tierra. Mientras tanto, Áster apilaba rocas, y más rocas, construyendo una verdadera torre, cada vez más alta, hasta que tuvo más o menos la misma altura que el dragón, que no vio nada de esto, pues estaba completamente rodeado por la nube de polvo levantada por Félix. Entonces, a la torre de rocas de Áster le crecieron brazos y piernas, ¡brazos y piernas, amigo mío! ¡Áster había construido un gólem!

Fue entontes que, casi por casualidad, el dragón miró de reojo hacia Áster y vio la enorme mole de rocas que se le acercaba, pero antes de que pudiera usar su aliento de fuego (que, déjame decirte, es capaz de derretir las piedras en segundos), el gólem estuvo sobre él y lo sujetó por el hocico y el cuello y, cuando el dragón trató de alejarse, sintió un tirón en las patas que lo hizo caer: ¡Félix le había amarrado las patas con cuerdas de aire!

Pero derrotar a un dragón así no iba a ser tan fácil. Un dragón de ese tamaño es muy viejo y uno debe suponer que tiene mucha experiencia. Este dragón en particular tuvo el cuidado de no dejar su cola en el suelo, por lo que Félix no pudo sujetarla a las patas y, con la cola, el dragón dio un golpe tremendo al gólem de Áster, que se rompió cómo, bueno, cómo el montón de piedras del que estaba hecho.

Por suerte Félix estaba muy atento y, cuando vio que el dragón había destruido el gólem de Áster, supo que se iba a concentrar en él, por lo que soltó las cuerdas de aire con que le sostenía las patas, dio media vuelta y se alejó volando muy rápido y, verás, no fue una mala decisión, pues no había alcanzado a alejarse ni 20 metros cuando el dragón ya estaba revolcándose, lanzando bocanadas de fuego alrededor y deshaciendo los hilos de aire que lo apresaban y, apenas estuvo libre y levantó el vuelo, vio al pequeño mago alejándose y se lanzó rápidamente tras él.

¿Qué dices? ¿Que no hay forma de que algo tan grande como un dragón pueda ser más rápido que un mago? Pues olvidas algo muy importante. Este no era cualquier dragón, era uno muy viejo, por lo tanto sabía mucho sobre muchas cosas, incluyendo aeromancia (como ya te conté hace un rato), así es que no paso mucho tiempo antes de que la situación se volviera desesperada.

Seis veces se lanzó el dragón a toda velocidad y seis veces logró Félix esquivarlo en el último momento, pero a la séptima vez sencillamente no alcanzó a reaccionar y antes de que pudiera pensar en cualquier hechizo que lo protegiera, el dragón abrió la boca, listo para engullir al pequeño mago de un solo bocado.

Pero Áster no iba a permitir que Félix se convirtiera en una golosina para dragones (digo golosina pues, con su escasa estatura, nuestro amigo no calificaba precisamente como almuerzo). Con las rocas que había usado para construir el gólem, apenas Félix y el dragón levantaron vuelo, hizo unas lanzas enormes, algunas de hasta 50 metros de largo, y las arrojó una a una hacia el dragón. Comprenderás, claro está, que, si bien Áster no era un buen arquero (para ser honesto, ni de cerca), su habilidad con la geomancia le permitió acertar con todas y cada una de las lanzas y, sí, aunque parezca una coincidencia curiosamente preparada, la primera lanza golpeó al dragón en la cabeza justo cuando este iba a zamparse a Félix, que se salvó por los pelos.

Así, una a una las lanzas fueron golpeando al dragón, en la cabeza, en la cola y en el cuerpo. No le hicieron mucho daño en realidad, pues los dragones tienen escamas muy resistentes, pero bastaron para aturdirlo y hacerlo caer… y algo más. Verás, creo que ya te lo había explicado, pero sería bueno profundizar un poco en esto. La geomancia es el arte de controlar la tierra, la madera y los metales, y está dividida en dos disciplinas: la geoquinesis, que simplemente involucra el movimiento, y la geomancia propiamente tal, que es la habilidad de hacer tierra, madera y metales donde no los hay. Como recordarás, Áster era un excelente geomante, pero hasta este momento de la batalla solo había usado geoquinesis para enfrentarse al dragón y, ahora, habiendo visto que su discípulo había estado a punto de ser devorado, decidió que era hora de ponerse serio. Así es que llamó a Félix a su lado y, mientras el dragón caía, hizo que el aire alrededor de éste se fuera transformando en piedras y arena y luego introduciéndosele entre las escamas, pegándose sobre las alas e inmovilizando las patas y la cola, de forma que cuándo el dragón se dio cuenta de que iba a cayendo, ya no podía detenerse y lo único que fue capaz de hacer fue darse la vuelta y golpear el suelo primero con las patas traseras.

No sé si eres capaz de imaginarte el sonido que hace un dragón de 200 metros de largo al estrellarse contra la tierra luego de una caída libre de 700 metros, pero solo digamos que fue bastante fuerte. Lo que de seguro si eres capaz de imaginar es que, después de ese segundo porrazo contra el suelo, el dragón ya no tenía ganas de seguir jugueteando con los dos magos, así es que, cuando se levantó en el cráter que había provocado su caída, estaba decidido a acabar con la pelea.

Pero Áster fue más rápido. Aprovechando la tierra que cubría al dragón luego de la caída, lo ató al suelo y, luego, dio una instrucción a Félix, solo tres palabras, pero que demuestran la clase de persona que era Áster: “No lo mates”. Y diciendo esto, saltó y se metió entre las fauces del dragón y desapareció dentro de él.

Entonces, viéndose Félix como único responsable del… ¿Por qué me miras así? Con los ojos así de abiertos te pareces a una ranamaleón del Pantano Gris ¿Por qué Áster se metió al estómago del dragón? ¡Cierto! No te había contado eso sobre los dragones. Verás, como ya te dije, todos los dragones pueden usar magia, aunque no siempre son piromantes. Sin embargo aunque no sean piromantes, todos respiran fuego, pues es para ellos una capacidad natural, tal y como tú puedes hablar o tocarte la punta de la nariz o distinguir el olor de un trozo de carne asada del de una tarta de manzana. Ahora, cuando un dragón está en apuros, puede usar algo que llamamos Fotea Ygros, Fuego Líquido, que es una sustancia que recubre su aparato respiratorio y les permite inhalar y exhalar fuego y que, al entrar en contacto con seres que no tienen sangre de dragón, arde a temperaturas que hacen que los volcanes parezcan una pequeña fogata. Entonces, lo que paso en aquel momento fue que Áster entró a la boca del dragón para evitar que usara esa habilidad porque, a pesar de que resisten la temperatura del fuego que respiran, el Fotea Ygros ardiendo en sus bocas escapa totalmente a lo que cualquier dragón tolera y puede ser muy peligroso para ellos.

Volviendo a la historia, cuando Félix se vio como único responsable del destino de la pelea, entendió que ya que Áster y el dragón se habían puesto serios, él no podía darse el lujo de desteñir, de modo que pensó a toda velocidad en la forma de derrotar al dragón sin hacerle daño y tuvo para esto, por suerte, unos segundos muy valiosos pues el dragón no reaccionó rápidamente, debido a que estaba recuperándose aún de la impresión que le provocaba tener a un mago de pié en medio de su garganta, algo que, con toda seguridad, debe ser muy desagradable.

Ahora, la forma en que Félix enfrentó al dragón fue brillante y demuestra el nivel de genialidad, rapidez de pensamiento y valentía de un mago que, en ese momento, tenía tan solo 17 años. Trata de imaginarlo: Félix usó geomancia para profundizar el cráter en el que estaba el dragón y, luego, con hidromancia, comenzó a transformar en agua el aire dentro del cráter, para después saltar a la cabeza del dragón y hablar a su mente.

Supongo que, dado que no sabías casi nada de dragones, tampoco sabrás mucho sobre telepatía, por lo que no creo que puedas hacerte de una idea de esta parte, así es que te lo explicaré: la telepatía consiste en que dos o más mentes se acercan hasta el punto en que los pensamientos pasan de una a otra sin la necesidad de las palabras, sino simplemente como ideas. Evidentemente esto tiene un peligro y es que si una de las personas (o seres, más bien) es más fuerte mentalmente, puede dominar los pensamientos de los demás, obligándoles a obedecer o cambiando su forma de pensar o incluso destruir y fabricar recuerdos. Esto significa que es muy arriesgado comunicarse por telepatía con alguien a quien no conoces.

Félix mismo contó, muchos años después, que “hablar” al dragón era una de las cosas más difíciles que había hecho, que cuando el dragón notó que sus mentes se habían conectado embistió a la conciencia de Félix con un millar de voces furiosas que gritaban “¡Déjame ir! ¡Déjame ir! ¡Déjame ir!” e inundó su vista con imágenes de fuego y su nariz y boca con el olor del azufre. Sin embargo, a pesar de lo aterrador que debió haber sido, Félix fue en ese momento lo suficientemente fuerte y lo que “dijo” al dragón fue muy simple: “Dragón, abandonarás esta isla en este momento y no volverás aquí, ni a ningún lugar al Este de aquí, hasta que hayan pasado diez mil años de este mundo, o dejaré que te ahogues”. Evidentemente los dragones no se caracterizan precisamente por ser criaturas dóciles o por aceptar de buena manera órdenes de humanos, por lo que contestó “No me hagas reír, niño. ¿Qué te hace pensar que si me liberas no iré inmediatamente a destruir las ciudades de tu patético continente? Los dragones no aceptamos órdenes”. Entonces Félix sonrió, dibujó un pequeño círculo de encantamiento en la frente del dragón y construyó junto a él una estatua idéntica a este, incluso en el círculo recién dibujado y en las ataduras de roca que lo mantenían inmóvil. Entonces replicó “Si no cumples este acuerdo y vas al este de esta isla durante los próximos diez mil años, ocuparás el lugar de esta estatua, atado al fondo de este cráter inundado, y morirás ahogado.”

¿Qué encantamiento usó Félix? Nadie lo sabe. Desde ese día muchos magos han visitado la estatua que todavía se levanta en Isla Tortuga, en la pequeña laguna en que se convirtió el cráter (y que la gente del lugar cuida hasta hoy como si se les fuera la vida en ello) y nadie ha podido identificar el círculo mágico. Se dice que Áster lo reconoció luego de salir del dragón y que, intencionalmente, ocultó toda la información existente sobre éste, pues si conoces un encantamiento eres capaz de contrarrestarlo, si es que tienes la habilidad y el conocimiento necesarios.

Sin lugar a dudas, el dragón también supo que Félix no bromeaba y debió ser terrible para él aceptar la derrota, pero finalmente el miedo fue más fuerte que el orgullo y aceptó la condición del pequeño mago y, luego de que Áster saliera de su garganta, abandonó la isla volando hacia el Oeste.

Félix y Áster volvieron a Isla Grande del Sur ese mismo día, pero a diferencia de lo que uno pudiera pensar no había nadie para recibirlos como los héroes que eran. Digamos más bien que en cuanto pusieron pié en la isla y anunciaron que habían derrotado al dragón, la gente comenzó a mirarlos con cierta desconfianza, ya fuera porque dudaban de su palabra o porque ahora, en lugar de un enorme dragón que había destruido una isla, tenían al par de magos que lo habían derrotado.

Sin embargo, para tranquilidad del pueblo de Isla Grande del Sur, Félix y Áster no se quedaron mucho tiempo allí. Después de un par de días de descanso abordaron un barco rumbo al Reino de Neria y, luego de un par de semanas de viaje a través de los bosques de la República de Aldesia, el Mar Interior, la Ciudad Libre de Torae y las amplias llanuras del país de Itolia, llegaron al fin a Jofenvik.

Entonces, Áster tomó a Félix como su discípulo y trabajaron juntos por muchos años, tiempo en el que grandes cosas se hicieron en el mundo: se curó enfermedades, se logró la paz entre Fendae y los reinos Adami del sureste y se evitó la guerra entre Fendae y la alianza de Neria, Aldesia y Tarijsten. Y finamente, después de 10 años, cuando el sabio Áster decidió renunciar a su cargo como Proties Ódegos del Concilio, recomendó a Félix como su sucesor, y le otorgó un apellido: Ásterion.

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